- ¿Vamos a navegar en ella?, - preguntó Lucy.
- No nos queda otra .- dijo Fran.
Les miraba mientras subían. Se colocaron cada uno en una punta de la barca. Eran tan locos.
- Mirad, una cueva, siempre me parecieron misteriosas .- dije antes de decidirme a subir.
Me miraban desde la barca, dijeron que subiera, ambos a la vez. Entré en la cueva y Córcega no existía. Caminé entre la oscuridad y goteo de paredes. Cannes no existía. El eco desapareció, solo yo. El mundo no existía. Llegué a una habitación. Era mi casa, el salón. Aquel día que empezó todo. En el sillón estaba David, esperándome. Tenía los ojos abiertos.
- ¿Dónde has estado?, has tardado mucho.
- Sí, me entretuve hablando con el señor del puesto de periódicos, dice que han secuestrado otro avión.
- Llegará un día que no podamos salir de casa. ¿Haces la comida?, tengo hambre.
- No, me voy.
- ¿Cómo qué te vas?
- Sí, antes de que haga una locura.